estos dias se habla de algo que me hace sentir verguenza. verguenza de ser del mismo género humano al que pertencen estas bestias que no se dan cuenta de cosas tan grandes como de lo que significa el amor. verguenza de tener la misma estructura ósea de aquellos que quieren permitir asesinatos en masa a criaturas indefensas. verguenza de tener los mismos tejidos que unos ignorantes que afirman que la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo cuando se olvidan que no es de un sólo cuerpo del que se está hablando sino de dos. verguenza de sentir estados de ánimo semejantes a los de esos rastreros que no disciernen entre el egoísmo y el bien estar personal. verguenza de tener uso de razón como todos los borregos que no se atreven a dar la cara por un mundo en el que no se protege la vida.
gracias a dios y como contrapartida, siento gran orgullo de ser semejante a muchas otras personas que no solo hacen todo lo contrario sino que encima lo hacen sonriendo. gracias por defender mi vida, porque nunca olvido que en algún momento de mi vida yo fui un feto (o persona humana dentro de una persona humana) igual que he sido niña, adolescente o mujer.
y sí, todo este problema reside en este mundo que se está quedando sin amor o caridad para ser sustituido por el egoismo. san pablo fue uno de los grandes defensores del amor que es el motor de la vida. aquí dejo unas palabras que, desde que las escuché por primera vez, no puedo ni debo olvidar:
"Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que una campana que toca o unos platillos que resuenan. Aunque tenga el don de profecía y conozca todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tenga tanta fe que traslade las montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque reparta todos mis bienes entre los pobres y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no es presumido ni orgulloso; no es grosero ni egoísta, no se irrita, no toma en cuenta el mal; el amor no se alegra de la injusticia; se alegra de la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera. (...) Tres cosas hay que permanecen: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más grande de las tres es el amor."
Canto al amor, Primera carta de San Pablo a los Corintios.
