miércoles, 17 de marzo de 2010

el viajar es un placer


"buenos días señores pasajeros, en nombre de la compañía el comandante y toda su tripulación les damos la bienvenida a bordo de este vuelo con destino madrid. la duración estimada del vuelo es de unos cincuenta minutos aproximadamente..."


me gusta viajar y no me importa moverme, me gusta el riesgo y no me importa volar, pero una cosa es una cosa y otra muy diferente los sucesos en los que me veo envuelta cada vez que me acerco a esos lugares tierra de nadie en los cuales llegan y salen aviones cada minuto. tanto es así, que no una sino varias personas me han propuesto que escriba sobre ello y a ello me dispongo. desde muy pequeña que me envuelve un tinte de originalidad muchas veces provocado y forzado por mí, pero muchas otras son fruto de la casualidad (vamos, que lo que no me pasa a mí, no le pasa a nadie). y es que hoy me toca hablar algunas de las cosas que me han sucedido en estos dos años en los que por 'a' o por 'b' he estado de madrid a barcelona como una pequeña ejecutiva.

el primer hecho de relevancia que recuerdo con exactitud es algo desagradable para mi memoria. eran las nueve de la mañana de un día de agosto de dosmilocho, cuando me encontraba en el aeropuerto de barajas recogiendo a uno de mis hermanos que llegaba de un viaje de trabajo. veraneo a unos cuarenta minutos del aeropuerto y yo no había dormido, ya que el pueblo en el que paso los agostos estaba en fiestas patronales (como les gusta llamarlas). pues bien, dejé el coche en el párking puesto que el arquitecto tuvo la maravillosa idea marketiniana de obligar a todo aquel que quiere recoger a alguien a tener que aparcar el coche con la correspondiente tasa de estacionamiento (cosa que han intentado hacer también en la nueva terminal del prat y que no han conseguido: hecha la ley, hecha la trampa). voy a la puerta de llegadas y mientras me estoy dirigiendo hacia el ascensor, una señora me empieza a dar venga de golpetazos con su bolso gritándome que por favor dejara de perseguirla. obviamente señores, una servidora estaba demasiado dormida como para tener que perseguir a nadie y mucho menos para ponerse a discutir con una mujer a la que la mirada la delata como ausente o ida. en ese momento me quedé bloqueada y sin poder moverme. no había nadie allí que pudiera o quisiera ayudarme y aunque mi mente estaba en blanco por la delicada situación, sonó el ding del ascensor con lo que yo (imprudentemente) me metí en él. fue una suerte que ella no se metiera conmigo porque supongo que tal cual le vino el lápsus mental, en ese mismo instante en el que el ding del ascensor me había hecho reaccionar, le volvió la cordura para dejarme en paz. uff! estoy a salvo.

el segundo hecho es ya mucho más cercano. se trata de una de mis visitas a mi ciudad natal hace unas semanas. sentada en el lado del pasillo del avión, con el cinturón de seguridad puesto, y con un personaje un tanto peculiar en el asiento de la ventana (el avión estaba bastante vacío entre nosotros no había nadie). no soy nada temerosa y como en todos mis viajes, me puse los tapones y ala, a dormir. no me gusta el ruido en los aviones: motores, azafatas con voz aguda recomendando algunas normas de seguridad (que muy seguramente en caso de estar en apuros sea lo primero que se te olvide), empresarios discutiendo a viva voz sobre asuntos que en absoluto me interesan, algún que otro bebé berreando porque quiere un sitio para él solito y no entiende porque debe estar encima de su madre (o padre, ¡no se me enfaden los hombres!) con un cinturón rojo atado a ella como si no tuviera derecho a ponerse el gris que utilizan todos los demás, alguna pandilla de adolescentes que se van de viaje y parece ser que todo el avión debe enterarse de sus chismes y lios amorosos...cierro los ojos, dos minutos y dormida. no entro en sueño profundo porque los tapones son eficientes pero no absolutos y porque el escaso espacio entre asientos en las compañías de low-cost hacen que al cabo de poco rato de intentar estar cómodo desistas y adquieras posturas imposibles con los consiguientes moratones al acabar el viaje (incluso en gente small como yo, os lo aseguro). aun así, suelo descansar y lo que es más importante, el aburrido viaje en el que ya no te regalan ni una servilleta de papel, se me hace bastante corto. suelo tener un claro despertador automático que se define como: azafata-gritona-que-anuncia-que-en-veinte-minutos-aterrizaremos-en-el-prat. esta vez así fue como siempre. medio despierta, el avión desciende durante un segundo y medio como si hubiera apagado sus motores. la gente suspira. yo abandono mi posición 'repnachingue' de persona que se acaba de despertar para adoptar una bastante rígida y tensa. todo va bien, normalmente hay turbulencias y no pasa nada. vuelve a pasar lo mismo pero esta ve más brusco. calma. otra vez. calma. calma. calma. otra vez pero en menor medida (esto debe de estar amainando). calma. vuelta a la carga. la gente nerviosa. azafatas sentadas con cinturón y cara de pocos amigos. calma. clama. más calma un buen rato. la chica del otro lado del pasillo coge la mano de sus novio con tanta fuerza que éste no siente ya miedo sino solo dolor. vuelta a la carga. la chica empieza a llorar. yo quieta y tensa. rezo. miro por la ventana, ya estamos en el mar dando la vuelta para encarar el prat. no sé porqué me tranquiliza más caer en el mar que en tierra (tengo salvavidas y flotaría, supongo). cansado de subir y bajar el avión decide empezar a dar tumbos de lado a lado. ahora ves el agua, ahora ves el cielo. empiezo a sentir ganas de devolver. ahora ves las olas, ahora ves las nubes. la chica del novio llora. el personaje peculiar de mi lado solo mira sus piernas con cara de sufrimiento. y vuelta a los tumbos. estamos sobre tierra. ahora ves el cielo, ahora la condal. las cosas empiezan a tener escala real (no pensará al piloto aterrizar en estas condiciones, no?) las cosas siguen su curso, se dispone a alcanzar la pista. terror. a un lado, al otro. mucho miedo. ya ni azafatas, ni bebés, ni empresarios, ni adolescentes se atreven a mediar palabra. suspiros, resoplos, lloros y silencio, mucho silencio. perdiendo altura cada vez más rápido. a un lado, al otro. tocamos pista, rebota el avión. a un lado, al otro. rezo. otra vez rebota. fue bonito mientras duró, pienso. papá, mamá , familia, amigos...os quiero. vuelta al rebote. pánico. un rebote menor. otros. vuelta. solo deslizarse. ¿estamos a salvo? no puede ser. gracias señor, gacias dios mío. la gente llora, esta vez en alto. intento no caer, pero mis ojos se cristalizan y solo tengo ganas de abrazar a alguien. la gente llora y esta vez no seré original, lágrimas traicioneras consiguen deslizarse por mis mejillas. por fin respiro. la gente me acompaña. alegría. risas. suspiros. el tipo curiosos se quita el cinturón, se levanta grita un bravo y aplaude con fuerza. azafatas, bebés, empresarios y adolescentes vuelven a gritar. esta vez sonrío. También río. estamos a salvo. gracias señor. rezo. necesito veros a todos.

el tercer y último hecho es algo controvertido y delicado. madrid-barcelona en un viaje que me adelantan tres horas porque hay una compañía low-cost que te permite hacerlo si llegas temprano al aeropuerto y hay plazas en los vuelos anteriores (no señores, no estoy hablando del puente aéreo de iberia, se trata de otra de menor escala). yo, un poco tramposa a decir verdad, me compro el billete más barato que salga lo más tarde posible, ya que los anteriores suelen ser más caros, luego llego al aeropuerto y lo cambio por otro que en teoría costaba unos treinta euros más (lalalalala, aquí no ha pasado nada…). al grano, estando yo sentada en la segunda fila del avión (esto me da seguridad, si se parte el avión en dos, me gustaría estar con el piloto. sí, soy fan de 'lost' y estoy claramente influenciada por lo que courre en ese éxito televisivo). como siempre, tapones y a dormir. no habiendo llegado aun los veinte minutos de descenso, un grito me despierta (¡y qué grito!) me sobresalto. viene de detrás. levanto un poco la cabeza y miro hacia atrás. una señora le está pegando a un señor en la cara con un bolso, ¡no puede ser! el señor no corto ni perezoso empieza a llamarla de todo menos guapa y hace ademán de ponerse muy violento. la gente se levanta para separarlos (cosa difícil porque estaban sentados el uno al lado del otro). una azafata invita al señor a cambiarse de sitio y después de pelear lo consigue. la señora ya callada no vuelve a pronunciar palabra. sientan al susodicho delante de mí. él sigue discutiendo con las azafatas sobre que como era un hombre pues le echaban a él la bronca, pero que la que le había pegado había sido ella. yo absorta (¿qué es esto, un patio de colegio?). consigo enterarme de los hechos con detalle: se conoce que él tenía el ordenador encendido y usaba auriculares y que la azafata le había dicho que lo apagara ya porque no faltaba mucho para aterrizar (¡qué raro! pensé, no había oído a la azafata gritona anunciándolo, ¿será que mi sueño era más profundo que de costumbre?). el señor pasó olímpicamente de ella y a la tercera vez que ésta se lo dijo, la señora histérica del bolso le dijo que lo dejara estar porque no le iba hace caso, que o se estaba haciendo el sordo o que realmente no oía y todo le daba igual llevando los auriculares a todo trapo. el amable señor se giró y la contestó con un amable: ¡cállate puta! bravo, bravo, bravo… y en ese momento es cuando empezó todo lo que ya conseguí ver. cuando aterrizamos en el prat, no nos dejaban salir por miedo a que el agradable señor se diera a la fuga, pues al salir del avión habían dispuesto tres coches de la guardia civil llenos de agentes (unos quince en total) dispuestos a llevárselo al cuartelillo. ¡spain is different señores! pero ya se sabe, en un avión todo es más delicado y uno no puede andar jugando a tú me das yo te doy más fuerte porque es un espacio pequeño y hay gente a la que el volar le hace sufrir o a la que… ¡LE GUSTA DORMIR TRANQUILA!


otra vez, bienvenida a casa.

domingo, 7 de marzo de 2010

bote bote bote



ABORTISTA EL QUE NO BOTE.


hoy, domingo siete de marzo de dosmildiez, quiero agradecerle a todos los que hacen posible que podamos manifestarnos en contra de una ley que está pudriendo las entrañas de este precioso país en el que gracias a dios, aun quedan personas que no piensan quedarse en casa de brazos cruzados mientras otros se dedican a dar el visto bueno a aquellos que matan a criaturas indefensas. porque sin su organización habría sido imposible que este fin de semana fuera un alto canto a la vida.
en la imagen, una niña en la puerta del sol, sobre los hombrs de su padre, altavoz en mano, entontando en alto 'gracias mamá, gracias papá, yo pude ser uno de ellos'.
¿y yo? me emociono, lloro, me quito el sombrero. y...canto, con mi idolatrado chris: viva la vida.